Hasta donde sabemos, Iruya en quechua significa “lugar de altos pastizales”. Es un pueblito salteño conectado a los mapas carreteros a través de las montañas de Jujuy, la provincia argentina que más respira los aires del Altiplano y la cultura aymara y quechua.

Con su plazoleta de pueblo deliciosamente empedrada asomada al río, su rústica y hermosa capilla de adobe del siglo XVIII , sus silencios de pueblo sólo apto para mulares y peatones, Iruya es un lugar totalmente desconectado, donde el silencio reina.

En Iruya y sus alrededores, donde hay agua y algo de tierra, crecen los álamos y sauces, el maíz y la quínoa. Los lugareños son agricultores y pastores de cabras y ovejas, también de llamas.
El pueblo fue fundado por los españoles en 1753 pero los indígenas ya habitaban estos valles, que fueron conquistados por los incas poco antes que los españoles.
El siglo XX se detiene a las puertas del pueblo.

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